
Era una noche fría, aún siendo Agosto. Cogí la manta que estaba al final de la cama, arrugada y me la estiré como pude; ya que estaba totalmente a oscuras. Tumbé mi cabeza sobre la almohada y a los pocos minutos me hundí en un profundo sueño...
"Me desperté con un leve grito, estaba sudando y me latía demasiado rápido el corazón. Me levanté lentamente, me calcé mis aterciopeladas zapatillas de andar por casa, y me dirigí hacia la ventana. Estaba lloviendo. La típica tormenta de verano. Abrí la ventana y esperando que entrara una brisa fría que me quitara algunas gotas de sudor. Como respuesta ingrata, recibí un aire caluroso, bochornoso y húmedo. Me asomé con cuidado y curiosidad a la ventana, deseando que hubiera alguien o pasará alguien por la sombría calle. Para mi sorpresa, había un paraguas, grande y negro bajo mi ventana. Solo lograba ver sus converses negras y el principio de unos pantalones baqueros. Tosí haciendo un esfuerzo, para ver si lograba captar su atención y ver su rostro. Así hizo; apartó un poco el paraguas y vi su hermosa cara sonriente. Sí, era el otra vez. Sus preciosos ojos verdosos con un toque grisáceo, redondos, donde te es fácil perderse. Noté una pizca de asombro en su mirada. Su lisa y clara melena que no llegaba a más de sus pequeñas orejas. Sus rosados y carnosos labios entre abiertos, mostrando su parte más pícara y a la vez dulce, de su sonrisa. Esa sonrisa que lograba hacerme enloquecer, y hacerme sentir como un neófito recién mordido por un ser irresistiblemente malvado. Como una persona que después de años, se expone por primera vez a la luz del ardiente sol. Como un adicto a un material cuyos componentes enganchan. Como una dulce niña de dieciséis años que lleva toda una vida persiguiendo a su amor y por fin consigue tenerle. Como el primer beso. Como el perdón de un amigo que te hizo pasar mil y una noches llorando... Esa sensación.
Pronto comenzó a llover más fuerte, y el miraba hacia todas partes como queriendo hacer callar a la lluvia. Me miró y comenzó a recitar:
-Pero... ¡Silencio! ¿Que resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente y ella, es el Sol! Surge esplendente Sol y mata a la envidiosa Luna, lánguida y pálida de sentimiento porqué tú, su doncella la has aventajado en hermosura.
Me quedé petrificada al escucharle narrar aquellos versos de "Shakespeare".
-Pensé que solo leías libros que tratan de holocaustos. Reí sin intención y el sonrío más aún. Se quitó el paraguas y vi como cada gota rozaba y escurría por su lampiño cuerpo, el seguía mirándome. Como un imán, comenzé a correr, salí de casa, bajé corriendo por el pequeño portal en pijama, y salí a la calle dispuesta a abrazarlo y no soltarlo nunca. Miré el lugar donde anteriormente estaba, pero... no había nadie. Lo vi correr, se metió en un estrecho callejón. Estaba empapada, tenía frío, y él... había vuelto a desaparecer."
Desperté de un salto, corrí hacia la ventana, comenzaba a amanecer. Me tumbé con cuidado, estaba bañada en sudor. Deje que unas lágrimas brotaran de mis inocentes ojos y calleran por mis ruborizadas mejillas. El dolor de mi pecho era inexplicable. Aquella mañana me juré que no volvería a llorar por él... NUNCA MÁS.


